Sintiendo el peso de los días
con las gotas que caen de la lluvia,
sintiendo como todo puede volverse gris.
Hace un momento atrás todo estaba soleado,
pero eso ya es parte del pasado,
y en el pasado, no podemos permanecer.
Sintiendo cómo no decir la verdad,
se vuelve la rutina para salvar el día,
sintiendo el deseo de la transparencia.
No hay marcha atrás,
pues para el pasado,
nosotros somos su límite matemático.
Sintiendo como todo puede cambiar,
y algún día llegará el sol de nuevo,
mientras se aprenderá lo necesario.
Así somos la incógnita del presente,
y dejamos de estar pensando que somos
el límite del pasado y del futuro.
Porque siendo la incógnita del presente,
encontraremos un valor que le dé
la gracia que necesitamos cada día.
12 de noviembre de 2018

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