-Sí, claro.
Me toca ir esta tarde, ¿No?- Consigue reponer, pero enseguida le contesta la
madre -¿Así? ¿A dónde?
Palo se
quedó con la mirada fija hacia afuera, sin palabras.
Al otro día,
Paloma, estaba por ir a su clase, cuando encontró a dos jóvenes que se le
acercaron.
-Dímelo,
dímelo, ¡dímelo ya! ¿Vas a ir o no?- Le pregunta una voz de mujer. -¿A dónde?-
-¡¿Cómo que
a dónde?! - Abriendo, los ojos grandes, pero enseguida le sigue el amigo, -Ya
sabes, con tu chico, mañana. ¿Lo olvidaste? A pesar, de la presión de sus amigos, ella seguía distraída -Ah eso.
-¿¡Ah eso!?-
Volvió a gritarle Faustina. –Sí, ah eso. ¿Y por qué? No lo sé, simplemente me
siento así, desde que soñé algo con él. -¿Qué soñaste? Pregunto él.
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